Estamos en crisis, una crisis provocada por el estallido de la burbula inmobiliaria y por la restricción del crédito, provocada a su vez por una crisis financiera global que tiene como origen la ausencia de regulación sobre paquetes financieros especulativos en Estados Unidos. Ni la burbuja ni la falta de regulación en los mercados financieros tienen nada que ver con el mercado de trabajo, pero de un tiempo a esta parte se ha puesto de moda una cantinela: necesitamos una profunda reforma laboral para crear empleo y salir de la crisis.
Básicamente se dice que los empleados con contrato fijo tienen una indemnización demasiado alta, que habría que rebajarla. Esta idea se deja entrever en todas las declaraciones que hablan sobre la reforma del mercado laboral: abaratar el despido como premisa para la creación de empleo. Se alega como prueba irrefutable de que hay que afrontar dicha reforma el hecho de que el desempleo se vea mucho más afectado en España que en otros países por la crisis.
Vamos a hacernos un par de preguntas respecto a este asunto. Primero, ¿el empleo que se está destruyendo en el sector de la construcción es fijo o temporal? Casi todo temporal, 700.000 empleos. Por tanto, una reforma laboral para abaratar el despido, ¿serviría para contener esta sangría? En principio, más bien parece lo contrario, la podría aumentar, pues es la flexibilidad laboral, traducida en empleo temporal, la que provoca más desempleo.
Segunda pregunta: ¿Si el desempleo que se está creando se centra en el empleo temporal y en los sectores que más lo utilizan, de dónde sale la idea de que a más flexibilidad más empleo? Sus defensores nos dicen que, bueno, a corto plazo podría haber más paro pero a largo plazo menos, porque los empresarios estarían más tentados de contratar más.
¿Qué pienso yo de todo esto? Que el paro en España tiene mucho más que ver con la quiebra de nuestro modelo productivo que con la regulación del mercado laboral, pero que eso no significa que ese mercado laboral no sea mejorable. Pero esa mejora no la centraría yo tanto en abaratar el despido, sino en acabar con la temporalidad. Y si, a cambio de acabar con los contratos temporales, debemos moderar el coste del despido, ahí se puede negociar. Cualquier otro planteamiento no sirve para crear empleo, sino para destruirlo aún más.

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