Reconozcámoslo: no sabemos qué hacer con los adolescentes. Nos parecen gente extraña, incomprensible, con problemas de comunicación. Siempre con sus cachibaches, sus móviles y sus ordenadores, compartiendo códigos extraños a nosotros. Nos hablan mal, no los entendemos.
Esta desorientación no es sólo exclusiva de los padres: también afecta al Estado. El Estado tampoco sabe qué hacer con los adolescentes. Nuestra Constitución, en su artículo 12, contempla la mayoría de edad a los 18 años. ¿Qué significa eso? Que sólo a los 18 años los españoles alcanzamos la edad adulta, donde vamos a poder disfrutar del ejercicio pleno de todos nuestros derechos, y asumir en correspondencia plenamente nuestras responsabilidades.
Pero las personas que tienen menos de 18 años: ¿pueden ejercer sus derechos? Algunos sí, otros no. Y aquí comienza el lío, pues no está nada claro en función de qué criterio se entiende que un menor es suficientemente maduro para ejercer un derecho pero no otro. No hay sistemática, sobre todo en la franja de edad de 16 a 18 años. Se pueden casar, pero sólo si están emancipados, para lo que necesitan la anuencia de sus padres. Pueden trabajar y pagar impuestos, pero no pueden comprar una cerveza. Se pueden operar los pechos sin informar a sus padres (sí, así se desprende de la ley de autonomía del paciente de 2003) pero no pueden firmar un contrato de compraventa de un ciclomotor, por ejemplo. Por cometer un delito grave son castigados con privación de libertad, pero no van a la cárcel.
Ciertamente, no sabemos qué hacer con ellos. La razón es que estamos en una zona de transición entre la niñez y la vida adulta, entre la inconsciencia y la responsabilidad. El lío es comprensible, pero no es razonable. Debemos simplificar, tomar una decisión sobre una edad y marcar la frontera para todo. Si uno es maduro para trabajar encima de un andamio es ridículo pensar que no se le puede permitir comprar una cerveza porque puede ser peligroso para su integridad física. Si uno no tiene madurez suficiente para pedir un préstramo qué sentido tiene que sí se le permita operarse. Si la sociedad piensa que un chico de 17 años debe pagar con 25 años de prisión un asesinato, como cualquier adulto, cómo podemos pensar a la vez que no es suficientemente responsable de sus actos como para dejarle montar una empresa. Esto hay que unificarlo, quizás reduciendo la mayoría de edad a los 16 años. Yo soy de los que pienso que con la cantidad de información que los chavales acumulan hoy en día con 17 años ya eres adulto. Pero lo que no entiendo es que lo sean para unas cosas y no para otras.

Suscríbete por email!



