Los ves ahí, tan desubicados, tan expectantes, tan poco convencionales. Somos nosotros, la gente, preguntando al político. Lo primero que se nota es una gran diferencia entre los profesionales, entre los que están acostumbrados a salir en la tele, es decir, el presentador y el invitado, y los que no lo han hecho en su vida, esto es, todos los que preguntan. El programa es atractivo precisamente porque llama la atención ese contraste, porque descubrimos enseguida que los periodistas, los inquisidores profesionales de los políticos, no hacen preguntas tan interesantes, imprevisibles y directas como la gente.
Viendo anteayer en TVE cómo el Presidente Zapatero volvía a demostrar que está muy por encima como político que lo que la mayoría de los medios de comunicación nos venden, se me vino una reflexión a la cabeza: ¿es éste el comienzo del fin del Parlamento como principal fuente de control al Gobierno? Ya sabíamos que el Parlamento ya no es lo que era: en realidad, hace tiempo que hemos llegado a la conclusión de que la principal finalidad de la función de control no es el control parlamentario en sí, sino el desgaste que el mismo supone para el Gobierno a través de la información sobre el mismo que transmiten los medios de comunicación.
Ahora surgen nuevas fórmulas que pueden debilitar esta función: para controlar al Presidente del Gobierno prescindimos, cada vez más, de los representantes. Tenemos la posibilidad técnica de que nosotros mismos, elegidos científicamente para representarnos, controlemos al Presidente. Nuestras preguntas son más interesantes, nuestro interlocutor se lo prepara mejor, la audiencia es mucho más alta. Y no sólo estoy hablando de este programa: Web 2.0; los chats políticos, los blogs de los Ministros, todo tiende a que el representado ejerza un control directo sobre el Gobierno.
Todos estamos felices por ello: democracia en estado puro. Pero si un programa como “Tengo una pregunta para usted” se convierte en algo más seguido y, por tanto, más importante que el debate sobre el estado de la Nación, cuando menos debemos reconocer que es un paso más hacia la pérdida de relevancia del Parlamento. Y si son los representantes elegidos por una encuesta científica de población, y no los que nosotros elegimos, los que van a hacer las preguntas de control más importantes de todo el año, algo está pasando. ¿Es esto algo positivo o negativo? Todavía no lo sé. Pero desde luego es materia para reflexionar.

Suscríbete por email!



