Los nacionalismos que pueblan España hace tiempo que pusieron en práctica una máxima, tan rentable electoralmente como perjudicial para la democracia, consistente en la identificación del pueblo, de la cultura, de la historia de una Comunidad Autónoma con la opción política que determinados partidos representan. Un ataque a CIU o PNV se convierte en un ataque a Catalunya o Euskadi. Los que no comulgan con el nacionalismo son identificados como menos catalanes o vascos que los que son nacionalistas.
A mí no me gusta nada esto, pero menos me gusta que en otras Comunidades Autónomas, la derecha española, mientras ataca retóricamente estas prácticas, las aplique con gran intensidad. La identificación de Murcia o la Comunidad Valenciana con el PP es una táctica ideada con la misma técnica propia del nacionalismo. Sus ideas se hacen pasar por las ideas del pueblo valenciano o murciano, cualquier crítica como un ataque a la patria, si eres un verdadero valenciano debes amar a Rita, nuestra heroína, igual que debes ser del Valencia o tirar petardos. Todo este proceso manipulativo comenzó con la guerra del agua, por lo que se ha bautizado como nacionalismo hidráulico, pero a día de hoy se ha extendido a cualquier ámbito de la vida pública.
Escribo esto a cuenta del episodio de pandereta que está protagonizando el Presidente de la Comunidad Valenciana, Francisco Camps. Se trata de un vodevil de trajes y facturas, que acabaría si el Presidente presentara no ya las facturas de la compra, que puede haber perdido con el tiempo, pero al menos el extracto bancario del pago. Pero no, parece ser que llevaba mil euros encima cada vez que iba a la famosa tienda y pagaba en metálico: bueno, pues que presente el extracto del cajero al que fue a sacar el dinero. Pues no, no hace nada de esto. Ahora sí, sus problemas con la Justicia son un ataque a todos los valencianos. Ahora sí, él siente, ante este ataque, la amistad de todos los valencianos, de los 5 millones, ni uno menos. Ahora sí, un representante empresarial (Presidente de la Fira de Valencia) se muestra indignado y le comenta que se siente atacado como valenciano. Ahora sí, un torero (Enrique Ponce) dice que es un cachondeo que ni siquiera se investigue al muy honrado Presidente, que no hay más que ver lo bonita que tiene Valencia. En fin, se trata de un ataque a los valencianos urdido malévolamente por los enemigos de los valencianos, es decir, por los socialistas.
Escribo esto porque habrá que ver si el Presidente Camps se pagó los trajes o se los pagó una presunta trama de corrupción que conseguía numerosos contratos de la Generalitat. Hay cintas grabadas, declaraciones de testigos que van en esa línea, él no aporta ni facturas ni extractos bancarios, pero no presumo nada. Lo único que trato es denunciar que el nacionalismo del PP en la Comunidad Valenciana ha llegado a afirmar que yo, como valenciano, soy amigo de Camps y me debo sentir atacado por la investigación judicial. Bueno, pues somos muchos, y debemos decirlo cada vez más alto, los que pensamos que nuestra tierra no es de nadie, sino de todos. No, no soy amigo de Camps ni de Fabra, ni me siento atacado por la Justicia: es la mejor manera que, a día de hoy, tengo de expresar mi valencianía. Sinceramente, no sé cómo hemos podido llegar a esto.

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