Comenzamos un nuevo curso político clave para el futuro de España. La situación es mala, pero sinceramente no creo que a la gente le interese mucho por qué la situación es mala. La gente quiere soluciones de futuro. Yo tengo mi opinión: la crisis financiera e inmobiliaria provocada por la codicia sin regulación del paradigma neoliberal. Pero otros tienen otra teoría: la incompetencia del Gobierno socialista que ha dilapidado la magnífica herencia de la derecha. Para mí esta teoría no se sostiene- ¿O es que en Valencia, gobernada por la derecha, con tres puntos porcentuales más de paro que la media nacional, estamos mejor?-, pero la izquierda no debería perder muchas energías en defenderse de esto, deberíamos mirar hacia adelante: es lo que quiere la gente. Volvamos a lo importante. Por tanto, reconocer que la situación es mala (tardamos demasiado en hacerlo), y proponer soluciones creíbles. Estas soluciones, para ser creíbles, deben molestar a determinados sectores de la sociedad para beneficiar a la misma en su conjunto. Ninguna reforma, ningún cambio, se abre paso sin dificultades. Este es el curso político para hacer estos cambios inaplazables. Ya hemos iniciado la hoja de ruta: la reforma del modelo productivo hacia uno más sostenible, menos dependiente del ladrillo: molestará al sector de la construcción pero es ineludible. Tendremos que subir algunos impuestos para cuadrar las cuentas públicas sin erosionar el gasto social. Deberíamos congelar la devolución de los 400 euros. Molestará a la gente que no le gusta pagar impuestos pero es ineludible, salvo que queramos recortar gasto social, la alternativa de la derecha. Debemos pedir sacrificios a los que tienen su puesto de trabajo asegurado, los funcionarios. Les molestará, pero es ineludible, y estamos ante un colectivo que tiene una estabilidad laboral que les hace privilegiados respecto al resto de la sociedad. No podemos ser un Gobierno que quede bien con todo el mundo, debemos ser un Gobierno que plantee una hoja de ruta para salir de la crisis sin perjudicar a los más desprotegidos, pero enfrentándose a algunos poderes fácticos. Debemos ser valientes porque es lo que necesita el país.
Y mientras hacemos esto, debemos dar pasos en la extensión de derechos: de la mujer (ley de interrupción voluntaria del embarazo), de las minorías (Ley de Igualdad de Trato) y de la laicidad (Ley de Libertad Religiosa). Todas estas leyes encontrarán grandes resistencias en sectores muy arraigados de la sociedad, pero benefician al conjunto de la ciudadanía, y sólo nosotros podemos llevarlas a cabo. Debemos negociar, buscar consensos, pero nunca ceder en lo esencial. Aquí también debemos ser valientes. No es momento para la contemporación, es el momento de la verdad.

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