Hace unas semanas estuve viajando por Israel en una delegación del Partido Socialista. Descubrí una nación dinámica, un país joven, imaginativo y muy preparado. Pero también una sociedad todavía traumatizada por el holocausto y las sucesivas guerras a las que se han enfrentado, lo que provoca una manera de ver las cosas que puede resultar letal para la estabilidad mundial.
El pueblo judío está obsesionado con adelantarse a cualquier amenaza y destruirla. No se perdonan lo que les pasó en Europa en la Segunda Guerra Mundial: todavía hay una especie de resentimiento contra una forma de ser judío que les llevó al matadero sin apenas protestar ni rebelarse, sin luchar. De ahí el uso desproporcionado de la fuerza: creen que ningún ataque ha de quedar sin respuesta. Creen haber aprendido de la Historia que para sobrevivir necesitan aparentar fortaleza, no tolerancia y buenismo. Sobre todo en una zona como Oriente Medio. Si de todas formas nuestros vecinos nos odian, al menos que nos respeten.
Otra característica que sorprende del pueblo judío es que todavía ve muy factible que se pueda producir un nuevo holocausto, si bajan la guardia. No les faltan motivos para no bajar la guardia en una región donde en todas las fronteras han tenido o tienen enemigos declarados, pero ellos no lo viven como una guerra de baja intensidad, con conflictos armados puntuales, sino como la lucha por la supervivencia de su pueblo.
Ese sentimiento está ahora más presente que nunca, en proporción al nuevo enemigo al que creen enfrentarse: el programa nuclear iraní se vive como el pórtico a otra shoah. Lo dijo su Primer Ministro cuando visitó Auschwitz hace unos meses: “Irán puede ser el próximo holocausto del pueblo judío”. Pero no sólo es una opinión de su primer ministro: detecté cierto consenso en los interlocutores que tuvimos de la sociedad y el gobierno israelí sobre la inminencia de un ataque nuclear sobre Israel si Irán consigue la bomba atómica.
En este estado mental, la consecuencia lógica que Israel está planteando no es otra que un ataque preventivo contra Irán antes de que consiga su objetivo. Es una posibilidad tan real como programada, que sólo puede ser frenada por una combinación entre la presión de Obama y la constatación de que Irán no se está acercando al objetivo.
Hagamos un análisis desde la distancia de todo este embrollo. Es cierto que Irán es una amenaza para Israel, y que declaraciones de su líder en la línea de que va a destruir Israel, o mofándose del Holocausto, no son tranquilizadoras. Estamos ante una bestia parda, eso nadie lo duda. Pero de ahí a pensar que Irán va a lanzar la bomba atómica, sin previa provocación, sobre Israel, sabiendo que Israel tiene más de 200 armas nucleares, y que la consecuencia segura de su ataque sería la destrucción nuclear de Irán, me parece que tiene un punto de paranoia. Un ataque nuclear sobre Israel que sería también un ataque sobre Palestina, por supuesto, es decir, el asesinato de miles de palestinos. ¡Ojalá ni Israel ni Irán, ni Paquistán ni India, ni Francia ni Rusia, ni EStados Unidos tuvieran la bomba atómica¡ Incluso estoy dispuesto a compartir que Irán tiene en la actualidad dirigentes algo más enloquecidos que la media en aquella región de locos, pero no veo nada probable que una Irán atómica suponga directamente un Holocausto II.
Sin embargo, para evitar esta posibilidad tan remota, Israel está dispuesta, preparada y determinada a atacar de manera preventiva las plantas donde Irán está fabricando su programa nuclear, provocando con ello una guerra en toda la región, que sin duda significará la destrucción de parte de Israel (con armas convencionales, eso sí), de Irán y de muchas vidas humanas. Sólo Estados Unidos puede postponer el ataque, pero si Irán sigue haciendo oídos sordos a la presión internacional para que frene su programa nuclear, y tiene toda la pinta que esto es lo que va a pasar, preparémonos para la gran guerra, sabiendo además que la comunidad internacional no se puede poner de parte de Israel, pues la primera agresión vendrá de ellos, y ello supone una violación del Derecho Internacional que no podemos tolerar.
La combinación entre un presidente iraní con una retórica radical y la persecución milenaria, Hitler, su masacre y las devastadoras consecuencias psicológicas que todo ello ha dejado en el pueblo de Israel pueden provocar que dentro de un año la crisis económica sea una tontería al lado de lo que se nos viene encima. Si Obama no lo evita.

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